ohla barcelona

Architects
Alonso & Balaguer

Photography
Nini Lamira

Place
Barcelona, Spain

Polifemo, según relata la mitología griega, era un gigante barbudo con un solo ojo que se enamoró de la nereida Galatea. El hotel Ohla, en cambio, aparece perforado por un millar de intrigantes a la par que expresivos ojos cerámicos que parecen retorcerse y girar sobre sí mismos para deleitarse mejor con la augusta belleza de Barcelona, extendiéndose a sus pies.

La actuación consistió en la rehabilitación integral del inmueble, construido en los años 20 del siglo pasado y catalogado como de estilo neoclásico, para su reconversión en hotel boutique de 5 estrellas. Pero no sólo eso. Además, se procedió a la transformación de la antigua medianera del carrer Comptal en una nueva fachada y con ello, a la creación de una plaza en el espacio residual generado por la apertura de la Via Laietana en 1907.

Aunque se respetó rigurosamente la fachada histórica, de estilo francés, la solución adoptada para la nueva fachada fue totalmente vanguardista. Oscura y sencilla, terminada con estucado al fuego de color antracita, buscaba en cierta manera suturar la herida abierta por la Via Laietana en la Ciutat Vella. Unificadas a través de las ventanas y de las singulares esculturas en forma de ojo, entablan un diálogo fluido que les permite tender puentes entre dos épocas artísticas e históricas y favorece la convivencia entre estilos muy alejados entre sí.

La azotea del hotel, coronada por una magnífica logia de dos plantas con cúpula, cuenta con una piscina de vidrio, flanqueada por tumbonas de diseño y sofás chill-out. Recientemente, se incorporaron a este espacio piezas de la colección Lapala de Lievore Altherr Molina: los taburetes altos, que se asoman a la balaustrada, y los sillones en torno a las mesas, donde se puede desayunar a la carta o degustar un cóctel mientras se disfruta de la puesta de sol sobre los tejados antiguos del Gòtic. Desde la terraza, que dada su altura y la ausencia de obstáculos visuales constituye un mirador de excepción, se distinguen el inconfundible perfil del Tibidabo con las torres neogóticas del Sagrado Corazón recortándose contra el inmenso azul y a su lado, la antena futurista que Foster alzó en la vecina Collserola. Quizá por eso los misteriosos ojos del Ohla no se cierran nunca, mesmerizados por este espectáculo sin fin.

Architects
Alonso & Balaguer

Photography
Nini Lamira

Place
Barcelona, Spain

Polifemo, según relata la mitología griega, era un gigante barbudo con un solo ojo que se enamoró de la nereida Galatea. El hotel Ohla, en cambio, aparece perforado por un millar de intrigantes a la par que expresivos ojos cerámicos que parecen retorcerse y girar sobre sí mismos para deleitarse mejor con la augusta belleza de Barcelona, extendiéndose a sus pies.

La actuación consistió en la rehabilitación integral del inmueble, construido en los años 20 del siglo pasado y catalogado como de estilo neoclásico, para su reconversión en hotel boutique de 5 estrellas. Pero no sólo eso. Además, se procedió a la transformación de la antigua medianera del carrer Comptal en una nueva fachada y con ello, a la creación de una plaza en el espacio residual generado por la apertura de la Via Laietana en 1907.

Aunque se respetó rigurosamente la fachada histórica, de estilo francés, la solución adoptada para la nueva fachada fue totalmente vanguardista. Oscura y sencilla, terminada con estucado al fuego de color antracita, buscaba en cierta manera suturar la herida abierta por la Via Laietana en la Ciutat Vella. Unificadas a través de las ventanas y de las singulares esculturas en forma de ojo, entablan un diálogo fluido que les permite tender puentes entre dos épocas artísticas e históricas y favorece la convivencia entre estilos muy alejados entre sí.

La azotea del hotel, coronada por una magnífica logia de dos plantas con cúpula, cuenta con una piscina de vidrio, flanqueada por tumbonas de diseño y sofás chill-out. Recientemente, se incorporaron a este espacio piezas de la colección Lapala de Lievore Altherr Molina: los taburetes altos, que se asoman a la balaustrada, y los sillones en torno a las mesas, donde se puede desayunar a la carta o degustar un cóctel mientras se disfruta de la puesta de sol sobre los tejados antiguos del Gòtic. Desde la terraza, que dada su altura y la ausencia de obstáculos visuales constituye un mirador de excepción, se distinguen el inconfundible perfil del Tibidabo con las torres neogóticas del Sagrado Corazón recortándose contra el inmenso azul y a su lado, la antena futurista que Foster alzó en la vecina Collserola. Quizá por eso los misteriosos ojos del Ohla no se cierran nunca, mesmerizados por este espectáculo sin fin.

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